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Textos escritos por Fernando Osorio Zumarán

Ave dorada

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En el laberinto de mi soledad
Detecto una fuga de agua en la bañera.
El Magíster me presta las herramientas adecuadas,
Reparo el desperfecto y devuelvo lo prestado.
Desde mi aposento observo decenas de alevillas gitanas en el lavabo
Que se multiplican sin pausa y edifican un ave espléndida y dorada,
La más esbelta y deica por mí conocida.
Brinca hasta mi lecho y entablamos un diálogo silente,
Me mira con ternura, le acaricio el plumaje,
Nuestro idilio es atemporal.
Regresa el Magister. Emocionado le cuento lo sucedido,
Pero no le da importancia, le parece algo natural y se despide.
Antes de su partida le pido una toalla,
Termino de asearme y salgo al mundo, descalzo y limpio.
En el templo hay un evento anual,
Llegan los invitados, los ponentes, y los curiosos.
Rita Ancestral, con su abrigo de piel de venado,
Hace su entrada por el salón principal,
Corro a abrazarla y noto que es tan alta como el ventanal,
Saca de su cartera un papiro enrollado
Con la historia original completa.
Nos mezclamos con la gente de la fiesta,
Y nadie sabe de mi encuentro con el ave dorada.

 

© Fernando Osorio Zumarán, 2019

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julio 31, 2019 at 7:36 PM

Publicado en Comunicación, Poesía

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La escalera

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Una tienda clandestina funciona en el segundo piso
De un edificio cerca al Mercado Central
Y se dedica exclusivamente a la venta de escaleras.
Las reviso todas y elijo una de madera, en forma de tijera,
Nueva, barnizada, brillante;
Tiene un metro veinte de altura,
Similar a la que uso en el taller de pintura.
Pago y llevo mi escalera a cuestas por Ayacucho,
Doblo en Orbegoso, hacia la Plaza de Armas,
Los semáforos marcan rojo para facilitarme el paso.
Llevo una tenida crema casi sepia, elegante,
Y entre tanto trajinar se me rasga la vestimenta,
Miro hacia los costados, nadie parece haberlo notado,
Bajo hasta Pizarro y digo para mí,
No debo salir tanto a la calle,
Debiera quedarme en casa o en el taller,
No vayan a reconocerme y enterarse
Que estoy nuevamente en Trujillo
Cargando una escalera en el Centro Histórico;
No quisiera encontrarme con Eckershall.

 

© Fernando Osorio Zumarán, 2019

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julio 31, 2019 at 7:34 PM

El enano

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Sentado en el rincón más oscuro de enero
Con su tambor de cuero de alce,
Zapatos de punta y gorro de papel,
El enano escribe sus sueños, cuenta canicas,
Recita en voz alta unos versos.
Un cometa temprano cruza el cielo
con su estela de luz
E lumina la oscuridad de la tarde
En la esquina más azul de aquel circo.
Ante tal resplandor se levanta el enano
Y se echa a andar por el mundo
que diseña ciruelo a su paso.

 

(©Fernando Osorio Zumarán, 2019)

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mayo 17, 2019 at 2:10 PM

Publicado en Comunicación, Poesía

La máquina de escribir

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Recorro los pasadizos de la gran Escuela,
Los techos altos al estilo francés decimonónico,
elegante, por no decir lujosa.
Estoy en busca de la Maestra de apellido Ramal.
La encuentro impartiendo clase a los internos.
Sale del aula magna y me recibe en el corredor,
La saludo con una venia, “su Alteza”,
Ella se arrodilla ante mí, le beso la mano.
Me invita a una disertación sobre una máquina de escribir antigua,
de teclas mecánicas y propiedades musicales.
Cada tecla emite una nota definida,
El sonido media entre el clavicordio y el arpa,
La calidad del escriba determina el tipo de música generada.
El ponente —que está escribiendo la biografía de Chejov—
Ha logrado detectar la relación entre música y texto,
Así él advierte que un pasaje está correctamente escrito
si la música emitida es armoniosa
Y por el contrario, si el texto carece de calidad literaria,
está plagado de errores ortográficos o de sintaxis,
Entonces la melodía resultante es disonante, desafinada, o estridente.
Entusiasmado por tal descubrimiento, me propongo usarla
para escribir mi próximo epitafio.
Es ese momento suena la campana de bronce y la señora Ramal
Me recuerda que ya es hora de volver a casa en su carroza de hojalata,
Triunfante.

 

(©Fernando Osorio Zumarán, 2019)

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mayo 14, 2019 at 12:38 PM

Publicado en Comunicación, Poesía

El loco

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La noche húmeda y la garúa atenúan
Las luces de los autos y sus bocinazos.
Un hombre semidesnudo camina por el sardinel
Entre dos vías de tráfico pesado,
El pelo ensortijado, la barba crecida,
La piel tostada por el sol.
Su mirada es penetrante.
Lleva un tubo de metal de una pulgada y media
de diámetro por un metro y medio de longitud,
Me pregunto si es una varita mágica o un varayoc.
A mitad de sus pensamientos se detiene
Y gira a hacia mí, sus ojos son dos faros de litio.
Yo paso por su lado, intercambiamos señales,
Imagino que me va a agarrar a fierrazos,
Apuro el paso y me alejo silbando
con las manos en los bolsillos.

 

(©Fernando Osorio Zumarán, 2019)

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mayo 14, 2019 at 12:36 PM

Publicado en Comunicación, Poesía

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La sala blanca, inmaculada, alberga esculturas sobre pedestales,
Bustos de mármol, bronce, y yeso,
Los muros sostienen pinturas de Giorgio Morandi.
Voces rebotan sobre las paredes,
Sombras rondan entre los asistentes,
Licores envanecen el espíritu.
La luz artificial suple la ausencia de ventanas
Bañando el espacio y las almas que deambulan.
Sobre la mesa de centro, blanca, aguardan los Juegos
Desde sus cajas negras y elegantes,
Forradas interiormente de terciopelo verde.
Las fichas de marfil y oro brillan intrínsecamente,
Se posan sobre tableros con rutas triangulares y números
En espera de la mano del ángel que las conduzca.
Suena un acordeón y aparece el anfitrión vestido de negro,
Cuello y guantes blancos, corbata de lazo, sombrero de copa.
Me hace entrega de unas etiquetas con las letras E y W,
Tengo que decidir cuáles debo adherir
A las piezas de ajedrez y a las esculturas
Mientras cuadros surrealistas y abstractos atestiguan
Mi accionar desde su propia perspectiva.

 

(©Fernando Osorio Zumarán, 2019)

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mayo 14, 2019 at 12:35 PM

Publicado en Comunicación, Poesía

El ingeniero

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Estacionamos en la parte de alta del cerro Campana,
Desde el mirador reconocemos el terreno, identificamos nuestra meta.
Bajamos a campo traviesa por terrazas, jardines colgantes, casas, y laberintos
Hasta llegar a la playa rebosante de mar, arena y luz.
Después de cumplir con nuestras tareas de agrimensura
Emprendemos el retorno y escalamos el cerro,
Atravesamos nuevamente laberintos, terrazas y canales abandonados.
Yo cojeo debido una pequeña herida en el pie derecho,
Derivada de la ardua caminata,
El ingeniero nota mi padecer y me reprocha:
“Otra vez con el asma”, yo sigo caminando.
Él no recuerda la ruta de regreso, yo asumo el papel de guía.
La ruta se bifurca a una altitud de 500 metros,
Ambos tomamos rumbos diferentes,
Yo continúo el ascenso, él desciende
En medio de fincas de propiedad privada y perros que ladran.
Trato de convencerlo a que retome el sendero correcto,
Mas hace caso omiso de mi ruego.
Asciendo solo en medio de marañas, rocas y cascadas,
Sé que voy por la senda precisa hacia el coche que me espera
En lo alto de la montaña.

 

(©Fernando Osorio Zumarán, 2019)

Written by textored

mayo 14, 2019 at 12:34 PM

Publicado en Comunicación, Poesía