TextoRed

Textos escritos por Fernando Osorio Zumarán

En torno a la publicación de “Poemas sueltos”

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Comencé a escribir poesía a los 17 años, las más de las veces ante momentos de deslumbramiento y exaltación, consecuencia de la toma de conciencia del hecho de estar vivo, de respirar, de tener la capacidad de ver, pensar, y caminar. Recuerdo que andaba por las calles con un fajo de papeles, una pluma, y registraba esas experiencias con la intuición de que era importante dejar testimonio de las mismas y compartirlas con mis semejantes. No me atrevía a llamarle poesía a mis escritos, ni pretendía hacerla, solamente sentía que aquello que escribía llevaba un ritmo, y que la interpretación del mundo exterior que yo lograba plasmar en imágenes literarias y metáforas podría ser de interés para alguien o para algo mayor que mi individualidad. En esa práctica de llevar un registro de estados exaltados de conciencia, descubrí que la palabra en sí tenía un valor trascendente, no solamente representaba un objeto, emoción, o pensamiento, sino que trascendía aquello que representaba, formaba parte de una realidad diferente y se regía por leyes propias. Descubrí que en esta acción de escribir, yo era partícipe de la creación de un mundo alternativo, de un mundo que rebasaba las miserias de la realidad  inmediata en que habitamos, y que esta nueva esfera de existencia —la creación poética— realzaba y enaltecía las virtudes aún existentes en el mundo y en el hombre.

Llenaba cuadernillos, servilletas, y cuanto papel llegaba mis manos con mis textos en forma de verso. Mis lecturas hasta esa época se habían limitado a los clásicos que uno estudiaba en el colegio: Lope de Vega, Góngora y Argote, Quevedo, Machado, Bécquer; Chocano, Valdelomar. Pero, una vez egresado de secundaria empecé a leer y releer a Darío, Vallejo, Martín Adán, Oquendo de Amat, Eguren entre otros. Me sentía acompañado por estos grandes de las letras, sentía que compartíamos algo, que formaba yo parte de una estirpe de seres en los que la percepción estética de la realidad era su característica más saltante.

Escribía aquí y allá, un día sí, otro no; sin ningún orden ni disciplina, solamente cuando la musa tocaba mi hombro. A veces pasaban períodos muy largos sin dejar rastro. Como consecuencia de esta inconsistencia, la práctica de la escritura se fue diluyendo con el tiempo y fue opacada por otras actividades a las que me dediqué a lo largo de los años —muchas de ellas sin aparente relación con la poesía. Me alejaba de la poesía por temporadas largas, pero siempre volvía a ella cuando algo importante ocurría en mi vida, ya fuera algo positivo o negativo. Siempre volvía a ella cuando tocaba fondo o cuando tocaba el cielo; cuando necesitaba volver a mi centro y reencontrarme con lo mejor de mi ser. Ella estaba allí siempre, esperándome, era mi morada más intima, más acogedora, el sosiego o la borrasca, pero auténtica, profunda, era la vida misma, la conciencia.

En 1989, un año después de emigrar a Estados Unidos, estimulado por la brutal experiencia de dejar la patria, los amigos, la familia extendida y la cultura natal, reuní algunos poemas que publiqué bajo el titulo de “La danza efímera y otros poemas del exilio”, pero  el resto de mi producción permaneció desperdigada en papeles sueltos, cuadernillos, cuadernos de dibujo, diarios, y hasta en servilletas de papel. Escribir poesía, aunque no haya sido de manera consistente, ha sido una constante en mi vida, refleja la esencia de mi ser, y expresa las fibras más profundas de mi personalidad. Ahora— como se dice en el argot futbolístico— que estoy “jugando descuentos” en este partido de fútbol que es la vida, me he venido a preguntar ¿por qué no reunir algunos de estos escritos y compartirlos con mis seres queridos, con los amigos, con el mundo?, ¿qué sentido tiene conservar pilas de papeles arrumados e inéditos? Creo que uno escribe, hace arte, ciencia, o cualquier otra actividad humana para compartirla con sus congéneres y contemporáneos. Por todo esto es que el segundo semestre de este 2016 decidí reunir mis poemas sueltos, darles cuerpo en forma de libro, y compartirlos.

A raíz de este proyecto de publicación,  me he vuelto a preguntar ¿qué función tiene la poesía en un mundo convulsionado, en una sociedad en que la vulgaridad, la superficialidad, la codicia material, el ansia de poder, la violencia, y el egoísmo son valores generalizados? Y he llegado a la conclusión que la poesía y el arte son los aportes más elevados que se le puede entregar a la sociedad para que el hombre se haga un ser más sensible, compasivo, consciente de la realidad de su vida interior y de su vida en sociedad. En un mundo poblado de mezquindad y miseria moral, lo mejor que podemos aportar los artistas es sensibilidad, humanidad, valores. Lo mejor que podemos hacer es llamar la atención sobre lo que realmente es esencial e importante. Como solía decir mi amigo y gran poeta Jorge Pimentel, “a más crisis, más arte”.

La poesía es el diálogo de la conciencia con el inconsciente, de la razón con la emoción, de la luz con la oscuridad, del ser íntimo con el ser social. Es la manera que yo encuentro de contribuir a la sociedad con un poco de paz, de contrarrestar la vulgaridad y la superficialidad, de ayudar a tomar conciencia de nuestra vida espiritual, de cambiar el mundo aunque sea un ápice. Creo que la poesía, como el arte, pueden ayudar a modificar la configuración del mundo a través del autoconocimiento y la sensibilización, y por consiguiente contribuir a entender mejor la realidad del mundo que habitamos.

Cuando vivía en Vienna, Virginia, entre los años 89 y 93, trabajaba como profesor de castellano para adultos en Diplomatic Language Services en Arlington. Tomaba el metro todas las mañanas y escribía en el trayecto durante aproximadamente unos 20 minutos que duraba el viaje. Al regresar a casa al final del día trasladaba lo escrito a la computadora. Éste fue uno de los períodos más disciplinados y fructíferos en mi producción poética. En marzo del 93 regresé al Perú y me quedé allí hasta finales del 97, específicamente en Trujillo, donde fui profesor y autoridad universitaria en la Universidad Privada del Norte. Como estaba solo, mi familia se había quedado en Lima, escribía mucho. Colaboraba con artículos sobre cultura, arte, y sociedad para el diario La Industria, mantenía un diario personal, y por supuesto, escribía mucha poesía. En 1998 regresé a Estados Unidos y durante la década siguiente continué escribiendo poesía. Mantenía mis poemas en mi Macintosh, hasta que un buen día colapsó, perdí todos mis documentos, incluyendo cientos de poemas escritos en aproximadamente 20 años. Como consecuencia de las varias mudanzas, no sólo de casas, sino de ciudades y países, también perdí los diarios y la poesía que había escrito tanto Vienna-Virginia como en Trujillo y Lima. Esa fue una gran pérdida, fue como perder una parte de mí. Me costó mucho desarrollar una actitud de desapego para sobreponerme y continuar adelante. Finalmente, volví a escribir poemas esporádicamente, los cuales fueron acumulándose en cuadernos, papeles, y archivos digitales de manera desorganizada. Algunos de esos poemas fueron publicados en mi blog iChasqui en http://www.BlogText.org, un sitio en la Red que desapareció sin dejar rastro. Otros fueron publicados en TextoRed (https://textored.wordpress.com/), pero la mayor parte siguió inédita, hasta que recientemente me animé a sacar a la luz, aunque sea una parte de ella.

La publicación de “Poemas sueltos” ha sido una agradable aventura, no exenta de contratiempos y trabajo intenso. Organizar el material, hacer correcciones, diseñar la portada, discernir qué poemas iban y cuáles no, decidir entre libro físico o en línea, buscar una editorial o publicarlo por mi cuenta usando los recursos de la Red. Todos estos asuntos entre otros de menor cuantía, son cuestiones que requieren mucho esfuerzo y dedicación. Pero lo que me mantuvo con el arma en ristre fue la visualización del objetivo final: compartir parte de mi sensibilidad con mis seres queridos y amigos.

Organicé el libro en 5 partes: “Ola”, incluye poemas relativos a la naturaleza y a algunas estaciones del año; “Morada”, reúne aquellos que tienen que ver con mi ambiente más inmediato, el taller, el lago donde voy a hacer ejercicios diariamente, algunos de mis cuadros, etc;  en “Centro”, están los poemas de mayor intimidad, los más contemplativos, los que se refieren más a mi vida interior; “Los tres reyes”, compila poemas sobre gente, ya sea real o imaginaria; y finalmente, “Banderas” es la sección de poemas, digamos de mayor contenido social, en donde hablo de mis identificaciones, de mis recuerdos infantiles, y de mi postura frente al mundo. No creo haber cumplido a cabalidad la tarea de juntar poemas de un tipo único en cada sección, algunos podrían haberse incluido indistintamente en cualquiera otra de las secciones; es así que las agrupaciones finalmente son solamente aproximaciones arbitrarias que apuntan al logro de un cierto tipo de orden.

Paradójicamente, los poemas desperdigados de antes, ahora ya no son más poemas sueltos, están compilados, pero con un triple propósito; primero, hacerlos asequibles a todos los que deseen acercarse un poco a mí; segundo, compartir mi sensibilidad; y finalmente, contribuir, a mi manera, a modificar el contenido del universo.

(Agosto de 2016)

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Written by textored

septiembre 11, 2016 at 8:45 PM

Publicado en Comunicación, Memorias

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Fujimori debe cumplir con la condena que el Estado peruano le asignó

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En una reciente entrevista con el diario El País de España, Kuczynski ha declarado que si el Congreso le alcanza el proyecto de ley correspondiente, él firmará una ley para que Fujimori cumpla “su sentencia en su casa”. Esto, en la práctica, significaría una liberación. Vivir en su casa con todas las facilidades y capacidades de comunicación, para un político, equivale a la libertad. Desde ahí, con toda comodidad y los recursos disponibles, podría continuar influyendo negativamente en la vida política del país.

Por otro lado, Kuczynski ha enarbolado, como eje central de su gestión, un compromiso total en la lucha contra la corrupción, y ha afirmado varias veces que no tendrá miramientos para combatirla. Qué gran contradicción la de Kuczynski al plantear la virtual liberación de Fujimori, el personaje más corrupto de la historia del Perú— condenado por delitos de corrupción y crímenes de lesa humanidad—cuya secuela aún se deja sentir en la vida diaria de toda la nación.

Tener encarcelado a un delincuente como Fujimori debiera ser motivo de orgullo para un país que trata de convertirse en un país civilizado. Una decisión como la de Kuczynski significaría echar por la borda uno de lo puntos más altos que el sistema judicial peruano ha logrado: la condena de un ex-presidente por sus delitos plenamente demostrados. Si una decisión como la de Kuczynski llegase concretarse, cabría plantearse hacer lo mismo con Abimael Guzmán, Montesinos, y los centenares de ex-funcionarios fujimoristas detenidos por sus delitos. No creo que eso sea a lo que Kuczynski apunta al decir: “Les aseguro que no quedará crimen impune y los culpables serán entregados al sistema de justicia renovado”.

El desarrollo integral del país requiere de acciones claras y congruentes, que el sistema jurídico-político sea estable y transparente, que la lucha contra la corrupción no quede en palabras ni en promesas, que los hechos concuerden con los principios.

Written by textored

agosto 3, 2016 at 12:43 PM

Publicado en Comunicación

Quién se acuerda

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Te escupen y abofetean,
Te aguijonean con sus lanzas
Como a perro sarnoso,
Te tiran piedras, agua sucia, basura,
Tus heridas se infectan al contacto con el polvo,
Como en la película de Mel Gibson;
Tú les pones la otra mejilla,
Los exoneras de culpa,
Los miras con amor, les prometes paraísos;
Pero ya nadie se acuerda.

En fiestas como ésta,
Preparas arroz con pollo,
Multiplicas los panes y los peces.
En calles como éstas,
Das clases de primeros auxilios,
Sanas a los enfermos,
Repartes ropa.
En casas como la de mi abuela,
Construyes muebles,
Arreglas las bicicletas de los niños del barrio.

En los puertos, descargas los barcos nocturnos
Que vienen de Noruega, Namibia y El Salvador
Y no te pagan horas extras.
En la maquiladora coses pantalones
En mesas interminables sin mucha ventilación,
El salario no alcanza.
En los campos de California recoges fresas,
Cosechas uvas, apañas algodón.
A la entrada del Seven Eleven hablas del amor,
Del amor a uno mismo, del amor al vecino,
Del amor al distinto y al inmigrante,
Hablas del amor al recién llegado,
Al desposeído, y algo aún más difícil,
Del amor al enemigo. Regalas tu camisa,
Haces donaciones por Internet,
Apoyas causas perdidas.

Tu padre y tu madre han cruzado la frontera,
Buscan albergue, un techo donde guarecerse,
Esquivan la guardia fronteriza, las balas, los coyotes,
No tienen tarjeta de crédito, no tienen papeles,
No tienen seguro de salud y tú vas a nacer en invierno,
En cualquier esquina, en una playa de estacionamiento,
Sin obstetriz ni toallas, sin sábanas ni frazadas.
Ellos andan corridos, tratan de alquilar un departamento,
Pero les piden driver license, social security,
Cuenta bancaria, pero no tienen nada,
Sólo te tienen a ti a punto de florecer.

Y suenan las campanas, “Campanas de Belén”,
“Blanca Navidad”, “Burrito sabanero”,
“Feliz Navidad”, José Feliciano,
I wanna wish you a Merry Christmas.
Papá Noel se toma fotos con los niños
En los centros comerciales,
Y la gente compra y compra y compra,
Y el tráfico es insoportable,
Y la nieve cae y tú estás por nacer,
Y ya nadie se acuerda.

En tu patria nunca ha habido paz, tu pueblo
Está arrinconado, su tierra ha sido ocupada,
Su gente sin pasaporte por más de 2000 años.
Han construido un muro alto de concreto armado,
Los fabricantes de armas se frotan las manos,
Los políticos justifican las guerras, los bombardeos,
Así ganan premios y puntos en las encuestas.

Y tú insistes en la paz y el amor,
El desprendimiento. Con sencillez enseñas:
Si tienes dos casacas, dale una a tu hermano;
El reino de los cielos no está en la televisión,
Ni en Las Vegas, está dentro de ti.
Pero no te hacen caso, y entonces
Te persiguen con napalm, con drones y anuncian
Que eres un peligro para la sociedad,
Un extremista, que no tienes remedio.
Luego te traicionan por 30 monedas,
Te niega el amigo en la madrugada,
Tu  madre atestigua la tortura,
¿Habrá algo más doloroso que ser despreciado,
Negado y escupido?
Dios mío por qué me has abandonado.

Cuando tú naces las estrellas brillan y
Los presidentes viajan a verte.
Se organizan cumbres, se crean paquetes turísticos,
Hasta los animales se apaciguan y dejan de atacar,
Los vecinos se asoman por la ventana
Para tomar fotos con sus iPhones, y
El tendero  de la esquina le fía pañales
A tu padre que corre embriagado de alegría y,
Sin que tu madre se percate, compra puros cubanos
De contrabando e invita a sus parientes y amigos.

Pero te siguen pegando abajo, un rodillazo,
Un culatazo en el costado, un fierrazo en la nuca,
Una patada al estómago. Qué se habrá creído éste,
Dizque es el Hijo de Dios, con qué derecho,
Qué sabrá de las leyes de los doctos, quién le dio autoridad.
Mas tú los perdonas porque no saben lo que hacen.

Y cada año vuelves a nacer, una y otra vez,
Naces y renaces, naces y no mueres nunca,
Mientras nosotros nos reunirnos con algarabía
Y comemos pavo con puré de manzana y nueces
Del Brasil, panetón D’Onofrio y bebemos chocolate caliente,
Y ya nadie se acuerda.

Y tomamos vino frente a un árbol de plástico,
Y compramos regalos y nos mandamos tarjetas,
(Electrónicamente, ya no usamos acentos),
Cantamos villancicos y ponemos cara de bueno,
Y compramos regalos y más regalos,
Así creemos cooperar con el impulso a la economía (de consumo),
Nos vestimos de rojo y verde,
Y quemamos luces de Bengala, reventamos cohetes.
Pero pocos se acuerdan.

Y cuando mueres cada año aprovechamos para
Hacer turismo, nos vamos a Máncora, a Paracas,
A Cancún o Miami y ahí nos desmandamos.
Y cada año vuelves a nacer y nosotros compramos
La lotería, un huachito por si acaso, dijeron que traías suerte,
Quizás así salgamos de pobres.
Iluminamos el arbolito y ponemos
Cara de circunstancia y  bailamos
En una llamada fiesta cultural.
Y entonces algunos cuantos se acuerdan.

Libre de ataduras y del qué dirán,
Perdonas nuevamente a los que te torturan
En el madero cada día, en la oficina, y te clavan con clavos,
Con martillo, con alambre de púas.
Y yo, a riesgo de ser llamado aguafiestas,
Leo mis textos en fechas sin nombre,
Y siento pudor al hablar del amor,
Quizás porque también tema ser colgado
Descoyuntado, y finalmente olvidado.

Pero admito que celebro tu llegada,
Tu humanidad, tu divinidad,
Condiciones compartidas por todos nosotros,
Celebro tu lenguaje en plural, tu entrega,
Tu miedo, tu rabia, tu paz.
Celebro que nazcas cada año en el mundo y
Que hayas superado fronteras, idiomas, razas, color.
Celebro tu brillo y presencia de hombre
En la luz y en la oscuridad,
En alturas y abismos,
En nuestras mentes y corazones.
Y ahora supongo que ya alguien se acuerda.

 

(Escrito en diciembre de 2010)

 

Written by textored

diciembre 24, 2015 at 6:06 PM

Publicado en Poesía

On Books

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Even though my father was an accomplished chemical engineer, I can’t remember him reading a book at home, but I do remember Mother reading some novels from time to time. Nevertheless, I celebrate that at home there were shelves full of books, intact, yet with the smell of fresh ink, waiting for someone to pick them and discover what it was inside. Among the books that I see clearly in my memory are the Collection of Unforgettable Classics published by El Ateneo, that included Plato, Aristotle, Shakespeare, Cervantes, among other 40 great master works. Others of the great collections were Encyclopedia Sopena (5 volumes), and the 20 volumes of The Barsa Encyclopedia. But my preferred and most beloved was The Treasure of Youth, a complete overview in 20 volumes of important and inspiring topics written for young readers.

During my childhood and puberty, I invested hundreds of hours reading and enjoying the contents of The Treasure of Youth’s. I used to read more from this than from the reading homework from school. I became familiar with The Iliad, The Odyssey, Oedipus Rex, the Aesop’s’ Fables as well as with Hamlet, Romeo and Juliet, Don Quijote, Faust, and other classics. I also got involved and learned to delight in poetry by reading the “Book of Poetry” section. This collection played a key role in the development of my interest for science, literature, and history. It was a wonderful motivational tool that helped to shape my curiosity for understanding the world and my critical thinking. It also acquainted me with the relevant issues that mankind has pursued throughout history, and finally it made my love for reading germinate and blossom.

Another source of interest in reading came from the popular culture. My love for journalism, for instance, comes from my childhood too. When I was about ten years old, I discovered La Prensa and Ultima Hora. There was not a daily paper at home, but next door at Uncle Constante’s home, there were La Prensa and Ultima Hora. Mamá Isabel, my grandma, lived with her single children a few yards from my home too, and there they had El Comercio. So my journey started with La Prensa and Ultima Hora and then El Comercio, almost every day. My preferred sections were sports and comics. Reading the papers was another reason to visit my relatives daily and an excellent excuse to socialize and enhance my family life.

Like any other kid, I loved comics. They had a profound impact in me because they triggered my passion for drawing in me. I not only read Superman, The Little Lulu, Roy Rogers, Mickey Mouse, and so on, but also drew those characters many times. During puberty, I stopped drawing for some years but continued reading comics. This was such an entrenched habit, that I remember skipping entire school days with my pals Sergio and Mario Valdez to submerge into tiny kiosks at the Market Number 2 in the neighboring Surquillo. These were business that, in addition to selling newspapers and magazines, used to rent comics for a small fee to kids like us.

During the first years of my adolescence, my habit of reading declined, because of hormones and other interests like music and partying.

After my first year of Engineering at the National University of Engineering, I quit and spent my time looking for something meaningful in my life. I was not satisfied with my career choice, I was not satisfied with my life, I was not satisfied with the world in which I lived. I felt trapped in the quandary of not knowing what to do with my life. I felt compelled by a sort of instinct and walked into the Municipal Library of San Isidro in search of light and answers to my restlessness. I took refuge in libraries for years, and found some peace and closeness with other people who had compiled their ideas in the form of books. I found calm and a sense of community with other types of persons different from the actual people who surrounded me. The book that marked my life and that I can remember vividly was La canción del caminante by Silvio Villegas. It was my first taste of what Borges would say: “I have always imagined that Paradise will be a kind of library.”

During the following two or three years I was back and forth between College and doing nothing else than playing music, traveling, and reading. I traveled through Peru: its coastal desserts and beaches, its villages in the cold Andean Mountains, and its tropical forest with rivers and exuberant weather. And at the same time I read a lot. My preferred themes at that time were psychology, Freud, Jung; Peruvian society, Mariátegui, Lumbreras; and fiction: Vargas Llosa, José María Arguedas, Ciro Alegría, Manuel Scorza, among others. Later, I transferred to Universidad Nacional Agraria in La Molina to study Rural Planning, I read even more. I took the University bus at Orrantia movie theatre daily. The bus took 30 minutes up to La Molina. During the drive, I read Monday through Friday. In 4 years, I was able to read a considerable number of books.

At that time, the span of topics expanded. I began to focus in spirituality, economics and fiction from foreign authors. Here are some writers that made a huge impact in my life: Herman Hesse, Kahlil Gibran, Onorio Ferrero, Erich Fromm, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Borges. I also began to buy books. An important percentage of my allowance was spent on books. Little by little my shelves where growing and, without planning, a collection was born.

A big loss occurred in those years. One day I came back home from college and didn’t find the Treasury of Youth on its shelves. Mother had sold the entire collection to a street trader. In those days, there were many street traders riding tricycles who bought bottles, newspapers, furniture and other recyclable items for pennies. It was like a friend’s death, or maybe 20 friends.

When I was a young professional, I was able to afford purchasing more books, and my personal library continued to grow. When I moved to the U.S. with my family in 1988, I didn’t bring my books with me. They were about 800 at that time. I left one third at my mother’s home, another third with my father in law Chicho, and the other part with my nephew José Manuel.

Public libraries were a wonderful revelation to me in the U.S. I have been a fan of them since then, and think that they are one of the best traditions in this country. My avidity for reading and books lead me to start buying books again. And from zero books at my arrival, I ended up with about the same amount of books that I left in Peru.

In 1993, my family and I moved back to Peru to stay there for a while. We stayed there for 5 years. I dispatched my entire collection of books in English by ship. In those five years, I added more titles to my enlarged new library. I can estimate the number of book at that time about 1200.

In 1998, I returned to the U.S., but this time without books. I donated a big part of them to the Universidad Agraria—my alma mater— and to the Municipal Library of Trujillo—my native town. And left again the rest to my mother, father in law, and nephew. In the U.S. I promised not buy books anymore, I could read them at any library. Some months later I broke my promise. I love books, I love reading, I also like to hold and contemplate them, smell the ink when they are new. I read on weekdays on weekends, at home, in the bus, in the library. Why should I deprive myself of them? They are part of my life, they are part of me. Now my collection has increased again; it is growing and healthy. I hope one day, my loved ones find something worthy, enjoy them, or have a revelation in their pages.

One month ago, Martha Picarriello, a friend of ours, brought home a volume of The Treasury of Youth. Suddenly, I was transported to my childhood. I remembered their familiar sections, watch the same photographs that I had seen many times, touched and held the same pages as in the past, and couldn’t stop reading for hours. I got about the same feeling that I felt when, as a child, I started to read and find pleasure and joy in those wonderful entities called books.

(Written on February 2013)

Written by textored

febrero 23, 2015 at 8:55 PM

Publicado en Memorias

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Kandinsky, my friend

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When I was in primary school, we had an art class every year. We drew or painted formal themes proposed by the teacher. But I preferred drawing Superman, Disney characters, cowboys, wrestlers, and soccer players, as well as my teachers’ faces. Besides art classes I had a particular preference for Geography classes because they allowed me to draw and color maps.

Later, in the last two years of secondary, we stopped doing actual painting and drawing and started History of Art classes based on the book written by Juan Villacorta Paredes, a well informed and updated book for the time. This was a course focused on European art. Regrettably, it didn’t address Peruvian art, either ancient or contemporary.

Our teacher was Father Nicolas Dulanto. We called him Cheyenne, because of his resemblance to the TV series hero. He didn’t look very passionate about the subject, but he managed to motivate and trigger interest in his teenage audience. I found these two classes fascinating, in part because the text books were profusely illustrated.

 

Wassily Kandinsky, Graceful Ascent, 1934, oil on canvas, 80.4 x 80.7 cm.

Wassily Kandinsky, Graceful Ascent, 1934, oil on canvas, 80.4 x 80.7 cm.

 

The first course of the History of Art (from the Middle Ages to the 18th century) was interesting to me, but not too exciting. Then the second course came, and I fell in love with the Impressionist and Expressionist periods, especially with the stories of van Gogh and Gauguin. The peak came in my senior year, in a class focused on modern art, from Impressionism to Abstract art. I was delighted to discover the freshness of the Kandinsky and Klee works, the thoughtful Mondrian paintings, as well as the Surrealists. Their works seemed familiar to me and their language natural. I didn’t feel the necessity to interpret or explain them. I got the sense that I was not alone, that there were other people out there who spoke the same language as me, we communicated in a non-verbal language of symbols, colors, lines and forms. They said things that the common language we use every day is unable to express. I found that Kandinsky, Klee, Mondrian, Miro, Magritte, De Chirico were my friends. I felt that I had known them forever, and I could hang out with them any time, anywhere. I realize then that culture was not a stiff and alien category reserved to a few but something alive and vibrant abiding near me, made for and by everyday people.

When I graduated from high school one of the few things I missed were my Art classes. But I was not conscious about that at that time, I was too busy finding out what to do with my life. I decided to go to college and started looking for options. What to study and what my vocation was were my concerns. I had the strong belief that I had to do something fulfilling, but I didn’t know what. I asked older relatives and my father about devoting my life to art; I asked them for advice and can still hear their voices: “Art is not a career,” “you can do it as a hobby, in your spare time,” “you’re going to starve to death”. Thus I decided to study engineering—rural planning to “change the world through science and applied technology.” I wonder if I made that decision because I was naive, idealistic and placed reliance on that part of myself interested in social issues, or because I followed the advice of the elder and supposed wise men.

After 38 years of working as an educator and doing art as a part-time endeavor, I retired and decided to paint full time to realize my dream of being an artist—a full time artist. Art is what I have been doing daily since early 2012. Now, I know that I do what I am and feel accompanied by old friends like Kandinsky and Klee, but also by Rothko, Motherwell, Twombly, Lichtenstein and others who have joined the crew lately.

(Written on January 2013)

Written by textored

febrero 23, 2015 at 8:03 PM

En defensa del castellano

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¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
—César Vallejo

 

En el Perú de hoy ya nadie reparte o entrega pollos a la brasa a domicilio, ahora hacen delivery; ya nadie va de compras a un centro comercial, sino de shopping a un mall; tampoco hay precios rebajados de ropa o de cualquier otra mercadería, están en sale. Los expertos y los consejeros en cualquier tipo de actividad ya no aconsejan, dan tips. Y si depositas dinero en el banco o haces alguna transacción comercial, ya no te dan un recibo ni obtienes una factura, te entregan un voucher. Y así podemos seguir hasta un punto tal en el que ya no sabes si en el Perú se habla castellano, inglés, o spanglish.

Entiendo que los inmigrantes de habla hispana hablen spanglish en Estados Unidos, debido a que están inmersos en una cultura anglosajona. Pero que los habitantes de un país de lengua castellana, en el cual se hablan otras lenguas nativas como el quechua y aymara entre otras, empleen vocablos en inglés en su vida diaria en una elevada y creciente proporción resulta impactante, gracioso, contradictorio, y a veces hasta ridículo, pero en el fondo revela falta de aprecio y valoración por nuestro idioma, una baja estima de nuestra acervo cultural.

Lo curioso es que se usa inglés para describir un objeto, una acción o un evento que pueden ser perfectamente expresados en nuestra lengua. He escuchado a gente justificarse diciendo que usan vocablos foráneos porque no existe el equivalente en nuestro idioma, puede ser, pero eso ocurre en la minoría de los casos, en su gran mayoría los objetos o eventos a que se refieren cuentan con el término castellano preciso y apropiado. ¿Acaso no existe palabras para delivery, shopping, tip, web, etc.?, ¿de dónde proviene esa afición a usar tan alegremente el idioma inglés de manera tan extendida?, ¿es solamente una cuestión de moda, o encierra condicionantes más profundas tanto a nivel socio-económico como sicológico? En este artículo trato de reflexionar sobre este asunto y plantear algunas hipótesis que, como tales, requieren un posterior estudio y profundización.

Castellano
Antes de proseguir debo mencionar que uso el término castellano más que español al referirme a la lengua, porque el idioma se originó en Castilla, región de España, y su uso se hizo predominante en la península desde la Edad Media. Como bien sabemos, en España se hablan principalmente 4 lenguas: castellano, catalán, gallego, y vasco. El término español es político, su uso se generalizó y empezó a exportar en la segunda mitad del siglo pasado.  En la época franquista, con el afán de unificar el país, dado que el lenguaje es un factor crucial a considerar para alcanzar este fin, se decidió re-bautizar el nombre del idioma, en vez de “castellano”, se empezó usar el término “español”. Personalmente prefiero el primero, pues describe mejor la realidad, pues tanto el catalán, el vasco, y el gallego también podrías ser llamadas “español”. O quizás esta preferencia sea solamente una forma de hacer honor a la región de Castilla, o de recordar los libros de lenguaje que usaba en el colegio, se titulaban “Castellano”.

La palabra revela
En un principio fue la palabra, dice la Biblia; usa la palabra correcta, señala una de las nobles verdades del budismo. Estas referencias señalan la gran importancia que tiene la palabra, tanto desde el punto de vista ontológico como ético. Freud le asignaba a la palabra emitida, tanto consciente como inconscientemente, una relevancia crucial, hasta las bromas encierran un significado profundo en la psiquis de quien habla, según el psicoanálisis. La palabra expresa nuestros valores, nuestra ideología, nuestro sentir, nuestras adherencias emocionales. La palabra revela nuestra posición política, religiosa, nuestra extracción de clase, nuestro nivel de educación, nuestra cultura, nuestro género. La elección de nuestras palabras indica nuestra adherencia a tal o cual causa, a cierta postura frente a la sociedad, frente a la vida.

Ideología lingüística
Siempre he sentido que el uso de palabras foráneas en vez de las nativas, implica una preferencia a nivel ideológico y cultural, y, al mismo tiempo, cierto desdeño por nuestra cultura. Si digo delivery en vez de entrega, estoy eligiendo usar un idioma extranjero en vez del nuestro, estoy privilegiando un idioma en desmedro de otro; detrás de cada idioma existe una cultura, por consiguiente estoy privilegiando una cultura, la foránea en vez de la autóctona. Si sustituyo el vocablo extranjero por el nuestro, estoy dando el mensaje de que el primero es más interesante, refinado, gracioso—le estoy atribuyendo un valor superior. Y a su vez, estoy enviando de manera soterrada el mensaje que decir “entrega” no suena bien, no está de moda, es obsoleto, vale menos.

Esta intuición mía, después de indagar un poco aquí y allá, la encuentro plenamente refrendada por la ideología lingüística, disciplina que estudia cómo el lenguaje está asociado con los valores, ya sean estos de naturaleza social, política, o moral. En otras palabras, esta disciplina nos indica que existen conexiones entre las creencias del sujeto que habla un lenguaje dado y el sistema social y cultural en el cual se encuentra inmerso.

Lenguaje y valoración cultural
El lenguaje revela las relaciones de poder económico y político. El siglo XX aún se podía escuchar términos franceses en el Perú como signo de sofisticación, lo que a la larga denotaba la influencia europea en la cultura de la época. Ahora casi ya no se escuchan términos franceses, todo es inglés. Esto refleja claramente la hegemonía estadounidense en el mundo, tanto a nivel económico, militar como cultural.

El lenguaje evoluciona dirán muchos, constantemente está incorporando vocablos nuevos y dejando de lado otros, esto es cierto, pero también refleja las relaciones de poder y dependencia económica, política y cultural entre las naciones. El país dominante impone y difunde su cultura, su idioma.

El Perú parece un país tomado por el capitalismo internacional, sus pobladores parecen deslumbrados por su fuerza y sus valores. Creen que estos son los únicos posibles para lograr el desarrollo. Pero no se ha logrado ni la independencia económica y ni el desarrollo, solamente cierto crecimiento económico —desarrollo  y crecimiento son dos cosas distintas. Si aspiramos a ser un país independiente, soberano y desarrollado, debiéramos contemplar el asunto de la identidad y autonomía culturales. Esto no significa aislamiento ni niega la interrelación entre la distintas sociedades y culturas. Es posible llegar a ser autónomos culturalmente, desarrollados, auténticos y al mismo tiempo formar parte del mundo globalizado, mantener relaciones con todos los países y culturas del mundo, pero a un nivel de paridad. Para ello es necesario conocer nuestra identidad, valorarla y conservar nuestra esencia cultural.

Tanto a nivel individual como social podríamos desarrollar mayor conciencia acerca de las implicaciones sicológicas e ideológicas que conlleva el uso del lenguaje. Cada vez que usamos un término foráneo en reemplazo de uno nativo, estamos eligiendo un marco en el cual colocamos nuestras ideas y sentimientos, estamos eligiendo un trasfondo de valores. Esto revela un grado de aprecio por valores culturales ajenos y relega los nuestros a un segundo plano, el del silencio o de la no existencia. La sucesión de eventos como éste tiene un efecto multiplicador en la sociedad. Si yo digo delivery y tip todos los días, y mis vecinos, amigos, hijos, y compañeros de trabajo repiten lo mismo, pronto olvidaremos que las palabras entrega y consejo existen.

Alienación y culto a lo foráneo
El término alienación se puso de moda en los 60 por la influencia del marxismo, pero simple y llanamente significa enajenación. Cuando uno opta por algo que no le es propio, por algo ajeno, tanto a nivel de acción como de pensamiento, uno está enajenado, alienado, nos dice Marco Aurelio Denegri. Cuando alguien adopta un modelo de pensamiento y valores ajenos a los propios, modifica su conducta y se desenvuelve y actua en base a aquellos. La persona alienada expresa dichos valores a través del lenguaje, entonces puede decirse que se trata de un lenguaje alienado, un lenguaje que expresa —consciente o inconscientemente— un conjunto de valores, una ideología, en este caso, ajenos. Así como se puede categorizar a un individuo como alienado, también se puede hablar de un lenguaje alienado. El lenguaje alienado indica una preferencia por una cultura —la ajena— en desmedro de otra—la propia. El individuo eleva a un pedestal a una y desestima otra.

En el Perú existe una tradición de veneración hacia lo advenedizo, fuimos la última colonia en independizarse de España en el siglo XIX. Y esto sólo pudo ocurrir con la participación y ayuda de fuerzas extranjeras. Se respeta y admira lo que viene de fuera, se rechaza lo autóctono. Se glorifica lo internacional, se vilipendia y critica lo vernáculo. Se ensalza lo importado, se desprecia lo nacional. Es preferible un entrenador de fútbol extranjero que uno peruano. Parece que sufrimos de un complejo de inferioridad, gozamos de una autoestima baja. Como todo complejo, esta formación mental opera a nivel inconsciente, el sujeto se siente menos que otro. A nivel cultural ocurre algo similar, nuestra sociedad se ve a sí misma de menor valía que otras, específicamente de menor valía que la estadounidense. El peruano percibe las manifestaciones culturales foráneas como superiores a las autóctonas, entre ellas el idioma. Así le otorgan al inglés una mayor estima que al castellano, y mucho mayor aún que al quechua y al aymara.

El uso desmedido de términos anglosajones dentro del discurso diario en castellano en el Perú, sería una muestra del grado de la dominación económica y política del capital internacional que se estaría expresando en la esfera de lo cultural. A nivel individual, dicho uso sería una expresión del nivel de alienación cultural de la población, que inmersa en su complejo de inferioridad, identificaría todo lo foráneo como superior, nuevo, deseable, y a su vez desdeñaría y relegaría a un segundo plano todo lo autóctono, y tradicional.

El papel de la educación
¿Cuál es el papel que juega la educación en perpetuar las actuales tendencias en el uso de la lengua y cuáles algunas de las opciones para mejorar el habla cotidiana de nuestros compatriotas?

La educación juega un papel determinante. Me refiero tanto a la educación formal como a la no formal. En esta última incluyo a la familia y los medios de comunicación. La escuela se esfuerza —supongo que lo hace— por enseñar el uso correcto del lenguaje, pero el medio social es quizás más poderoso. Los medios de comunicación mucha veces des-enseñan, des-educan, mal-educan. Aquello que maestros con esfuerzo tratan de inculcar en los educandos a lo largo de meses es destrozado en pocos segundos por un mensaje publicitario mal redactado o enunciado por un locutor de televisión. Los pseudo-comunicadores sociales sabotean así la labor de los educadores que tratan de que sus alumnos hablen y escriban su idioma con propiedad.

¿Qué se puede hacer?
Sería necesaria una campaña de defensa de nuestro idioma y de desarrollo de nuestras habilidades comunicativas. Una campaña a librarse en la escuela, en los medios de comunicación, en el mundo de la publicidad, en el ámbito de la familia. Así como queremos conservar el medio ambiente y disminuir la contaminación ambiental, debiéramos también conservar nuestras tradiciones culturales y reducir el nivel de contaminación de nuestro idioma.

Deberíamos promover el manejo adecuado de nuestra lengua, dejar de viciar nuestro idioma con términos ajenos para los cuales tenemos vocablos eficaces, hermosos y elegantes. Lo cual no significa que debamos cerrarnos a la difusión de culturas y lenguas extranjeras. Esto no significa que debamos cerrar nuestras fronteras culturales y centrarnos sólo en lo nuestro. Por el contrario, debemos abrirnos al conocimiento y cultura universales, pero sin dejar de conocer lo nuestro primero, de valorar lo que somos, de apreciar nuestros valores culturales y nuestro idioma.

Mientras conduje académicamente la Universidad Privada del Norte en los años 90, a fin de que los nuevos profesionales contaran con la competencias y habilidades necesarias para desenvolverse profesionalmente en el mundo laboral, fui el primero en proponer e implementar el aprendizaje del idioma inglés en el plan de estudios. Esto no contradice los planteamientos de este artículo, más bien refuerza el objetivo último de la educación: la formación integral del individuo, tanto personal como profesional. La formación personal implica el desarrollo pleno de la consciencia tanto a nivel personal como social, y por sobre todo el desarrollo del pensamiento autónomo y crítico. Aprender un idioma extranjero no significa menospreciar la lengua materna ni contaminarla con el primero. El nuevo idioma es una herramienta más de comunicación que nos abre puertas para acceder a información en su fuente original y para desenvolvernos tanto la esfera de lo personal como en la profesional.

A nivel social sería necesario desarrollar consciencia sobre el uso correcto de la palabra, de las implicaciones que conlleva el uso de una u otra palabra. Sería necesario ampliar la apreciación de nuestro idioma materno, y valorar positivamente nuestra cultura.

El lenguaje evoluciona, aceptemos la influencia de lenguajes y culturas del mundo en el nuestro, pero hagámoslo de una manera consciente y elegante. No mezclemos vocablos extraños en nuestro discurso diario. Si existe la palabra en nuestro idioma, usémosla. Tomemos conciencia que nuestro idioma es hermoso, rico, pleno, y sintámonos agradecidos de que lo hablamos. Consideremos que varios son los cultores de nuestra lengua que han obtenido el Premio Nobel de Literatura. Leamos a nuestros grandes escritores. Ampliemos nuestro vocabulario, valoremos nuestra lengua. Recordemos aquel conocido adagio que reza así: “Para hablar de negocios, inglés; para hablar de amor, francés; para hablar de ciencia, alemán; para hablar con Dios, castellano”.

Ojalá que cuando vuelva al Perú el próximo año encuentre algún restaurante que reparta pollos a la brasa; cuando vaya de compras a un centro comercial encuentre buenas rebajas; y sobre todo, que los amigos me den buenos consejos sin extender factura. Bye, bye…

(Escrito en 2014)

Written by textored

diciembre 23, 2014 at 5:06 PM

Acerca del éxito

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Durante los años que trabajé en Trujillo, en los años 90, tuve la oportunidad de conocer y alternar con una cantidad considerable de personajes destacados en sus respectivos campos profesionales. Hablo tanto de hombres de ciencia como economistas, educadores, empresarios, literatos, y maestros espirituales.Todos ellos poseían una característica común: transmitían esa aureola de confianza propia de aquellos que se encuentran satisfechos consigo mismos, disfrutan enormemente de lo que hacen, y piensan que su labor influye de cierta manera para que el mundo que habitamos sea un poco mejor cada día. Todos ellos emanaban ese halo que suele llamarse éxito.

En aquellos días nació en mí un interés que me ha acompañado por largo tiempo: el indagar sobre la naturaleza del éxito y las características de las personas consideradas exitosas. ¿De dónde proviene la energía que parecen poseer quienes lo han alcanzado?, ¿cuáles son los rasgos comunes en todos ellos?, ¿está el éxito determinado por la opinión que los demás tienen de nosotros, o lo determinamos nosotros mismos?, ¿cómo podemos hacer para convertirnos en personas exitosas? Estas y otras preguntas aledañas eran las que rondaban por mi cabeza por aquel entonces y que ahora quisiera intentar responder.

QUÉ ES EL ÉXITO

Desde muy joven escuché decir “Fulanito está muy bien”, como epíteto para referirse a una persona a quien le va bien en los negocios, tiene un buen puesto de trabajo, ha logrado una posición expectante o el reconocimiento en el grupo social al que pertenece. Pero más que nada, estos términos implican que la persona referida tiene una situación económica holgada, por decir lo menos. Es decir, en el habla común, tener éxito implica tener dinero, poder, o fama.

Siempre dudé de esta aserción. Intuitivamente sabía que tener riquezas materiales o una posición de privilegio en la sociedad, no eran necesariamente requisitos indispensables para etiquetar a una persona como exitosa. Yo intuía que había algo más que eso, algo que no se podía medir con la vara de “más eres cuanto más tienes”. Para mí, el éxito era algo más sutil, menos banal, más elevado, o en todo caso, lo material era algo accesorio, no intrínseco ni fundamental en el concepto.

Hace unos días, volvió a llegar a mis manos un viejo correo electrónico que confirma este aspecto de mi visión del éxito. Curiosamente, llegó unos días antes de que me decidiera escribir este artículo. Ahí, Carlos Slim, el magnate mexicano, dice algo al respecto: “Yo creo que el éxito no está en lo económico. Yo creo que una persona no es de éxito porque le va bien en los negocios o le va bien profesionalmente o saca 10 en la escuela. Creo que eso es lo que menos vale. Lo que vale es tener los pies en la tierra, la familia y los seres amados–el concepto de familia y lo que es el verdadero amor–los verdaderos amigos. Apreciar las cosas que tienen valor verdadero, no material, ni físico necesariamente”. Si lo dice este personaje, que está considerado uno de los hombres más afluentes del mundo, será por algo.
    
Si nuestra respuesta ante un desafío—sea éste externo o interno—es adecuada, y como consecuencia de aquella, nuestra conciencia está alerta, nuestra mente clara, y tanto nuestro estado emocional como físico son de satisfacción y salud plena, entonces podemos decir que hemos tenido éxito.

Quién lo determina
“Fulanito está muy bien” implica un juicio externo, pero ¿qué dirá Fulanito sobre sí mismo? Se considerará él mismo exitoso, o quién sabe no. Quizá, en el fondo de su corazón, a pesar de su buena situación material, sea profundamente infeliz. Mientras que por otro lado, don Nadie, al hacer un balance de su vida, observa que está cumpliendo todas sus metas personales. Aunque su cuenta corriente no es tan abultada como la de Fulanito, su trabajo tiene algún tipo de influencia sobre el bienestar de sus congéneres, mantiene excelentes relaciones con sus seres queridos y vecinos, y—fundamentalmente—se siente feliz como una lombriz. No obstante los demás no lo consideren “exitoso”, yo me atrevería a decir que don Nadie es más exitoso que Fulanito—a quién todos veneran por el aparente éxito externo obtenido.

Antes solía confundir el concepto de éxito con el de reconocimiento. Solía depositar el veredicto del éxito de una persona en el exterior y no en el interior de la misma. Ahora puedo ver con claridad que el éxito poco tiene que ver con el juicio que los demás se forman de uno, sino, por el contrario, depende de la claridad y convicción interna que tengamos para determinar si nosotros mismos lo hemos alcanzado.

Propósito
Es riesgoso definir el éxito por los resultados y las apariencias. El éxito lo define uno mismo, no tiene que ver con la opinión de los demás ni con el reconocimiento externo. Está más vinculado a los propósitos que a los resultados, tiene que ver más con el proceso que con el producto final. Ben Sweetland suele decir: “el éxito es una travesía, no el destino final”.

Cuando hablamos de propósitos nos referimos—como plantea Eckhart Tolle —tanto a los internos como a los externos. El propósito interno es único y común al género humano, su dimensión es espiritual. Los propósitos externos son variados e individuales, pertenecen al mundo de la forma. El propósito interno es único: la evolución espiritual. Los propósitos externos tienen que ver con nuestra actuación particular en el mundo exterior, dependen de nuestros talentos, intenciones personales, y manera de desenvolvernos en la sociedad que nos ha tocado vivir. Por ejemplo, algunos se sienten inclinados a hacer algún aporte a la sociedad por medio de la ciencia, otros a través del arte, unos mediante el servicio social, etc.

Alineamiento
En ambas dimensiones, nos trazamos metas y dirigimos nuestros actos hacia la consecución de aquellas. Si nuestros propósitos internos y externos están alineados, el proceso es feliz. Es entonces cuando podemos decir que somos exitosos. Si logramos alinear nuestro propósito de crecer espiritualmente con los propósitos que mueven el accionar diario en nuestra vida en sociedad, entonces hemos alcanzado el éxito. Los indicadores internos más elementales y eficaces para medir nuestro éxito son la satisfacción personal y la paz interior. Si estamos sinceramente satisfechos con nuestras acciones y si estas no contradicen nuestro propósito interior, hemos alcanzado el éxito. Así de simple. Para qué torturarnos aplicándonos parámetros ajenos en el discernimiento de nuestro estado interior. Nosotros lo determinamos. Un Curso en milagros nos enseña a no juzgarnos y a vivir  la paz de Dios. Si hay paz, hay éxito, si hay satisfacción sincera hay éxito.

Descartado está dentro de los alcances de este ensayo, pensar que el éxito lo vamos a lograr por la acumulación de dinero o el bienestar material.

COMO PODEMOS LOGRARLO

En uno de mis artículos anteriores, “Los tres dones”, hablábamos de las 4 inteligencias: la mental, la física, la emocional, y la espiritual. Cada una de éstas se manifiesta respectivamente de manera específica a través de la visión, disciplina, pasión, y la consciencia moral. Para alcanzar ese estado de paz interior y satisfacción personal, al que llamamos éxito, es indispensable desarrollar estos cuatro aspectos. Veamos un poco más en detalle estas manifestaciones.

Visión
Visión es lo que podemos ver de manera anticipada con los ojos de la mente. Es lo que podemos visualizar de manera potencial en nosotros mismos, en la gente, en la adhesión a una causa, y en proyectos por emprender. Es lo que imaginamos puede ocurrir en el ámbito de nuestros propósitos. La visión está emparentada con la imaginación. Se apoya en ella para soñar el futuro que queremos realizar. Toda gran empresa ha existido primero como una creación mental. Y luego se materializa gracias a la acción. De la misma manera que una obra arquitectónica existe primero en la mente del arquitecto, luego en los planos, y finalmente en el plano físico.

Muhammad Yunus–premio Nobel de la Paz 2006—antes de establecer el Banco Grameen en Bangladesh con la finalidad de otorgarles préstamos a los pobres, tuvo una visión: la gente pobre era capaz de escapar de la pobreza, sólo había que darles una oportunidad. Nadie le presta dinero a los pobres, sin embargo él empezó a hacerlo, tenía la certeza de que los pobres podían superar su situación si encontraban instituciones y políticas que actuaran en su favor. El Banco Grameen llegó a ser una herramienta práctica y un movimiento hacia la erradicación de la pobreza. En la actualidad hay bancos que siguen este modelo en más de 100 países en el mundo.

Disciplina
De nada sirve una idea si no se materializa. De nada sirve visualizar un grandioso y loable proyecto si no lo llevamos a la práctica. De nada sirve un maravilloso ideal si no sudamos la gota gorda para llevarlo a cabo. El proceso para realizar lo que visualizamos requiere disciplina. La disciplina para lograr nuestros propósitos implica compromiso, dirección, y persistencia.

Recuerdo haber leído en alguna revista que los Beatles, en sus años mozos, se encerraban a ensayar con ahínco durante largas horas, mientras sus pares se dedicaban a vagabundear o a los menesteres propios de esa edad. La disciplina implica un cierto grado de sacrificio, la postergación  de la satisfacción del momento por un logro mayor en el futuro. La disciplina es la fuerza de voluntad en acción, el proceso de subordinación del placer de hoy a la consecución de una meta más alta en el futuro.

La libertad y aparente facilidad que alcanzan los exitosos para producir sus obras se deriva de un arduo y disciplinado trabajo diario. La  suerte y la inspiración no son determinantes, Jefferson solía decir en un tono irónico, “Yo creo bastante en la suerte, y he constatado que cuanto más duro trabajo, más suerte tengo” y Picasso por su lado decía, “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Esto quiere decir que tanto la inspiración, como el talento y la visión no son suficientes para obtener el éxito. Lo que se necesita es compromiso y una alta dosis de trabajo constante cualquiera que sea nuestra meta.

Pasión
Para mí, ésta ha sido la característica más visible que he podido observar en las personas que considero exitosas. Es evidente, está a la vista. Estas personas transmiten entusiasmo, interés genuino, curiosidad infinita, optimismo. Pagarían por hacer lo que hacen. Covey se refiere a la pasión como la llama, el deseo, la convicción y la energía que sostienen la disciplina para alcanzar la visión.

Sin este elemento, sería muy penoso romper la inercia de reposo y actuar con disciplina hacia la consecución de nuestro objetivo. La pasión está fundada en la emoción. Nos alimentamos de emociones. La pasión es el alimento que nos procura placer en las acciones que emprendemos como parte de nuestra misión. El músico goza al interpretar sus piezas, el investigador al probar sus teorías—ya sea en el papel o en laboratorio—el benefactor al proporcionar ayuda a los necesitados, el maestro al impartir conocimiento, la madre al ver crecer a sus hijos.

La pasión es esa llama interior que se manifiesta en entusiasmo y nos hace sentir satisfacción plena en la ejecución de las tareas que nos acercarán al estadio soñado. La pasión es la excitación y la intensa conexión emocional con nuestro propósito y con el proceso que nos lleva hacia él.

Conciencia
La conciencia está en la base de todo este entarimado. Es la fuente de la cual nacen y se nutren tanto la visión, como la disciplina y la pasión. La conciencia es la comprensión cabal de que nuestros propósitos obedecen a una causa superior y poseen alguna significación para la evolución de la especie humana. La conciencia nos confirma el carácter moral de la empresa que acometemos, mediante ella discernimos el bien del mal. Nos indica también si nuestras acciones aportan algo valedero a la sociedad.

La esfera de la conciencia es espiritual. Está más allá del intelecto, del cuerpo físico y de la emociones. Tiene que ver más con atributos de orden espiritual tales como la ética, la intuición y la integridad. Víctor Hugo solía decir que la conciencia es la presencia de Dios en el hombre.

La conciencia nos conduce a la disciplina necesaria para transformar en hábitos las acciones que requerimos para alcanzar nuestros propósitos. Está inseparablemente ligada a valores tales como la justicia y la honestidad; en este sentido, los medios que usamos para lograr nuestros objetivos no pueden ir desconectados de los fines.

La consciencia y el despertar
Cuando estamos presentes aquí y ahora, todo lo demás pasa a un segundo plano. Alrededor del estado de consciencia plena giran otros estados de plenitud tales como la armonía, el gozo y la paz. Estos se manifiestan de diversas maneras, por ejemplo, en el plano físico, nuestros latidos del corazón se hacen más armónicos; en el plano emocional, sentimos un gozo inigualable; en el plano mental, experimentamos paz; etc. ¿Qué más podemos pedirle a la vida?

Podemos tener riquezas, pero si no estamos presentes, ¿qué valor tiene?; Podemos alcanzar la fama, pero, si no estamos conscientes de su significado y de lo que ocurre dentro de nosotros mismos y en nuestro alrededor en ese momento, esta solamente alimenta el ego. Podemos contar con el reconocimiento de los demás por nuestro trabajo y méritos personales, pero si no experimentamos aquel gozo inefable que trae consigo el estado de despierto, de poco nos sirve.

Por el contrario, puede suceder que carezcamos de riquezas materiales, fama, reconocimiento, pero que, sin embargo, estemos plenamente conscientes, iluminados. En esas circunstancias podemos afirmar que hemos alcanzado el éxito. El éxito, por consiguiente, depende de nuestro estado de conciencia. En cada situación en que estemos presentes, independientemente de las circunstancias externas, habremos alcanzado el éxito. Pensemos en esto, experimentémoslo y veremos que es cierto. En otras palabras, si estamos conscientes, estamos despiertos, nos convertimos en personas libres; libres de la envidia, de la preocupación, del rencor, de la rabia, y del miedo.

CONCLUSION

El éxito poco tiene que ver con los resultados materiales, más con el proceso. El éxito se refiere más a la condición del ser que a la de tener o hacer. Para lograrlo se requiere una visión clara de nuestro propósito personal alineado con nuestro papel en la sociedad. Se requiere también pasión por lo que hacemos, y disciplina—un trabajo paciente y persistente para lograr nuestro fin. La condición ontológica que define el éxito es la conciencia plena, es la condición de despierto y libre de ataduras emocionales negativas. Si estamos libres de todas estas cadenas podemos decir que hemos alcanzado el éxito. El éxito consiste en estar presente en el aquí y el ahora, y en experimentar el gozo y la satisfacción personal que traen consigo ese estado.

(Escrito en marzo de 2010)

Written by textored

julio 8, 2014 at 8:02 PM